EL ÓVALO DE LA FELICIDAD
La participación social en la educación va mucho más allá de la representación de las distintas instituciones educativas. En los centros escolares podemos verlo a través de los consejos, juntas, asociaciones, sindicatos, ayuntamientos; la participación social implica compromiso, libertad, valores, ciudadanía; se concreta en la corresponsabilidad de todos los sectores sociales a favor de la educación.
Las instituciones educativas tienen una doble dimensión: por un lado son en sí mismas un ámbito de participación social, donde pueden concretarse y desarrollarse diversas prácticas educativas, con sus estructuras, normas y principios; y por otro lado, constituyen el lugar más adecuado para asentar los principios de participación social y ciudadanía entre los niños y jóvenes.
Dar valor a la participación social y a la participación escolar no es tarea solo de la escuela, sino que supone un compromiso que va más allá de las instituciones educativas y del propio sistema, es tarea de todos, tanto de las personas como de las instituciones.
Participar es «tomar parte», lo que implica formación, medios y deseos, esto es, «saber», «querer» y «poder». Los personas y las administraciones, conjuntamente, deben tratar de crear buenas bases de participación, detectar y cubrir las necesidades de formación, y contribuir activamente en el desarrollo de la práctica participativa en todos los entornos.
Los principales inconvenientes son el tiempo, la formación, la información, el apoyo, la confianza, el reconocimiento y la dificultad en concretar los resultados de la participación.
Se debe trabajar sobre el valor de la participación, con apoyo y confianza, y las propuestas deben ser realistas, compartidas y diferenciadas en los contextos y planes de acción orientados desde las experiencias valiosas consolidadas.
EL ÓVALO DE LA FELICIDAD
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